Erase una vez, en 1980, que Bates College y Bowdoin College eran prácticamente los únicos colegios de artes liberales en Estados Unidos que no requerían a los solicitantes someter resultados de las pruebas estandarizadas nacionales, el SAT o el ACT.

Ahora el número de universidades para las que el examen es opcional ha sobrepasado las 1.000, según FairTest, una organización con base en Boston que se opone al régimen de exámenes.

Este peldaño significa que más de una tercera parte de las universidades de cuatro años sin fines de lucro en Estados Unidos rechaza ahora la idea de que el resultado de un examen debe determinar el futuro de un estudiante.




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Los rangos de las instituciones de exámenes opcionales incluyen cientos de prestigiosas instituciones privadas, tales como George Washington, New York University, Wesleyan y Wake Forest. El listado también incluye cientos de universidades públicas, como George Mason, San Francisco State y Old Dominion.

Mirar al estudiante de forma integral

Como se menciona en un libro que edité, “SAT Wars: The Case for Test-Optional Admissions”, críticas del movimiento de exámenes opcionales han afirmado que las universidades con examen opcional no podrían seleccionar estudiantes de mérito, que los estándares colapsarían y que jóvenes con bajo rendimiento estarían fuera de control. Las críticas no fueron correctas.

En mi universidad, Wake Forest, nunca hemos tenido estudiantes más fuertes académicamente y con tanta diversidad racial, étnica y económica de todo Estados Unidos que cuando decidimos hacer opcionales los exámenes en 2009. Según recoge The New York Times, el promedio de calificaciones en escuela secundaria de los nuevos estudiantes de primer año aumentó luego de que dejamos de usar los resultados de pruebas estandarizadas como un factor.

Antes de que los exámenes fueran opcionales, el porcentaje de nuevos estudiantes de primer año que eran parte del 10% superior de su clase de escuela secundaria estaba en el 60%. Luego, el periódico informó que la cantidad aumentó a 79%

La calidad de nuestros estudiantes ha mejorado porque miramos a la persona de forma integral, no por el resultado de un examen. Enfatizamos en las notas de escuela secundaria porque esas siempre han sido la mejor predicción de rendimiento académico universitario.

Es un mito que los resultados estandarizados predicen el rendimiento universitario mejor que las notas de escuela secundaria. Aun el College Board, dueño del SAT, solo reclama que la combinación de las calificaciones de escuela secundaria y los resultados de los exámenes, en conjunto, ofrecen a las universidades la mejor prognosis de estadísticas del futuro de un estudiante.

En la Universidad de Georgia, el SAT aumentó su precisión explicativa en uno por ciento; en De Paul University en Illinois, el ACT logró lo mismo. ¿Son importantes de uno a cuatro puntos en un modelo estadístico? Yo digo que no.

Nuestros mejores modelos estadísticos capturan un 31% de lo que predice el rendimiento académico universitario. Eso significa que cerca del 70% de lo que importa para las calificaciones de un joven universitario no se puede predecir por variables académicas. Las admisiones a las universidades siguen siendo más arte que ciencia.

La equidad y el mérito se sirven mejor en una revisión holística que en un corte numérico.

Discriminación

¿Por qué debemos requerir un examen que está sesgado contra jóvenes de bajo ingreso, contra mujeres, hispanos y negros?

Como menciono en mi libro “SAT Wars”, las preguntas de matemática en las partes experimentales del SAT, donde las mujeres superan a los hombres y las preguntas verbales donde los jóvenes negros superan a los jóvenes blancos se han eliminado de las versiones futuras del examen que cuenta.

Un capítulo de “SAT Wars” que fue escrito por Jay Rosner de Princeton Review Foundation, documenta su práctica. Él ha trabajado con datos de dos años de las preguntas del SAT, 276 en total. Rosner provee múltiples ejemplos de preguntas experimentales en el SAT en que los jóvenes negros salieron relativamente mejor que los jóvenes blancos y preguntas en que los jóvenes blancos salieron relativamente mejor que los jóvenes negros.

Entonces, pregunta: ¿Cuántas de estas preguntas que cuentan son preguntas que aventajan a los blancos o preguntas que aventajan a los negros? “Todas y cada una de las 276 preguntas fueron preguntas blancas en esta comparación blanco/negro”, escribe Rosner. La vida es bastante injusta sin añadir inequidades impuestas por un examen racista y sexista.

Las transcripciones de escuela secundaria son donde usted encontrará indicios sobre la agilidad, capacidad y logros de un estudiante. Los resultados de las pruebas estandarizadas SAT o ACT no nos dicen nada sobre creatividad, compromiso comunitario o qué estudiantes están esforzándose para lograr una carrera profesional significativa.

Lo que esos resultados de las pruebas de ingreso a la universidad transmiten de manera fiable es la capacidad familiar del estudiante de pagar las cuotas de matrícula y los costos de vida. El SAT funciona mejor como prueba del ingreso familiar que como un indicador de desempeño universitario. O, como he argumentado en otro libro, la selección por resultado de exámenes es una selección de cuentas bancarias disfrazada como selección de cerebros.

Las pruebas estandarizadas y las pruebas preparatorias en Estados Unidos tienen un valor en exceso de 13 mil millones de dólares por año y usan la energía, ansiedad, esfuerzo, y tiempo que se podrían gastar en el verdadero aprendizaje, de la literatura, lenguas extranjeras, artes y ciencias.

La industria de exámenes se trata de ganancias, no de pedagogía. Es tiempo de librarse de los exámenes de ingreso.

Este artículo fue traducido por El Nuevo Herald.



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